La atención es una capacidad innata. ¿Cómo si no un bebe podría llegar a aprender la descomunal cantidad de información necesaria para poder actuar en sociedad?

No se si os habéis planteado alguna vez la cantidad de cosas que tuvimos que aprender como bebes: controlar las manos y cada uno de los dedos, los pies, piernas, esfínteres, boca, lengua, cuerdas vocales, ojos, oídos, cabeza, relación oídos cabeza, ojos manos-dedos, comida boca-lengua-dientes, sonidos lengua- labios- dientes, etc, etc, etc.

Aprender un idioma, reconocer a familiares y diferenciarlos por su cara, voz, olor, tacto, gestos; aprender a mover las piernas, a mantener el equilibrio, a estar erguido. No puedo enumerarlas todas, pero puedes planteártelo como ejercicio.

Para realizar todas estar tareas se precisa de toda la atención en el trabajo. Claramente la cantidad de atención debe ser grande, muy grande.

 

nacemos con atención

 

Y entonces ¿Dónde perdimos la atención? ¿Quién o qué la secuestró?

 “No te acostarás sin saber una cosa más”.

La vida es un cúmulo de aprendizajes. Desde que salimos por el canal del parto, donde lo primero que hacemos es respirar, usar por primera vez los pulmones, hasta el día en que nos despedimos de este mundo.

El aprendizaje puede ser suave, sencillo, emocionante y motivador, o causar dolor, desilusión, fracaso, incertidumbre, miedo, precaución … y aunque nos recuperamos y seguimos adelante una parte de nuestra atención quedó secuestrada en el pasado.

De esta forma se van sumando porciones secuestradas de nuestra atención en el pasado y, como perro apaleado, asoman cuando vemos el palo condicionando nuestra atención en el presente.

Pero no es la única causa, los ciclos inacabados, esas pequeñas o grandes cosas que tenemos pendientes y que de vez en cuando asoman por nuestra cabeza recordándonos lo que no hicimos, son también secuestradores de atención.

El futuro, la gran incognita, es para algunas personas un secuestrador de atención al dirigir todos sus esfuerzos hacia él manteniéndose en automático en el presente.

Y el presente, ese que viven los niños, los adolescentes y los jóvenes se convierte para los adultos en una zona de tránsito con la atención disminuida.

¿Tiene solución?

Sí, la tiene, trabajando la concentración y relajación, o sea, trabajar la habilidad de estar en tiempo presente. De ese modo  lograrás controlar tu entorno, recuperar tu atención, traerla al presente y relajarte.

 

recuperar la atencion

En BISNIS te ofrecemos cursos para recuperar tu atención en el presente.

Mury, un beso.